El mundo andino

jueves, 15 de noviembre de 2007

Machu Picchu
En el mundo andino se sucedieron varias fases en las cuales se alternaron reinos unificadores, por hegemonía indirecta o dominación militar directa, con potencias regionales que emergieron aprovechando determinados vacíos de poder. La primera de las grandes potencias que parecen haber dominado la región, es aquella que se consolidó alrededor de Chavín de Huantar. Una vez derrumbado este núcleo, fue consolidándose poco a poco el poder de Tiahuanaco, ciudad que controló casi todo el mundo andino gracias a una vasta red de comercio, y que tuvo su contraparte en la ciudad de Huari, emplazada en las cercanías del Océano Pacífico. Otras potencias relevantes a lo largo de la historia del mundo andino, son el reino de los moches, Paracas, Nazca y Chimor. La influencia cultural andina rebasó, llegado el minuto, las actuales fronteras peruanas, y se esparció hacia Chile en una dirección, y hacia Colombia en la otra. En Chile surgieron culturas urbanas tales como la de los atacameños y los diaguitas. En Colombia, por su parte, prosperó la cultura de los chibchas, que pronto se reunieron en señoríos militares, siendo el de Bogotá el más poderoso de todos.

En el siglo XV, en el Valle del Cuzco, se consolidó el poder militar de los quechuas. Su rey Pachacútec, que salvó a Cuzco de ser conquistada por los chancas en 1438, emprendió una larga serie de guerras contra los reinos vecinos, sentando así las bases del Imperio Inca; su labor no sólo fue militar, sino que también se dedicó a construir fortalezas y organizar la administración y la religión, creando para esto último el templo de Coricancha. El orden fundado por Viracocha resistió casi un siglo entero, hasta que en 1527, la guerra civil azotó al Imperio Inca. Aunque Atahualpa venció a su hermano Huascar, no pudo gozar de los frutos de su victoria, porque el mismo día de su triunfo, fue arrestado por Francisco Pizarro; el resto es la historia de cómo el Imperio Inca fue abatido y repartido por los conquistadores españoles, en una seguidilla de guerras que duró hasta que en 1545, Pedro de la Gasca fue designado Virrey del Perú, y pudo pacificar estos dominios.

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